Hacía frío, había niebla y el espacio que se extendía bajo sus pies estaba levemente iluminado.

Se sentía tranquilo, pues con la niebla tenía la sensación de que el mundo estaba bajo sus pies y podía dominarlo como él quisiera. Se sentía como un dios. Como alguien omnipotente. Como alguien a quien admirar por sus grandes dotes.

Sabía que su gran ego le hacía crecer el demonio que paseaba entre sus pies y sus manos. Sentía orgullo por obedecer las leyes de la ira y de la justicia.

Por suerte aquella noche, en la calle medio habitada por bloques de pisos abandonados y locales vacíos, aun seguían pasando las personas hasta bien entrada la noche. Habían dado las 2 de la madrugada en su reloj y sentía las ansias dentro del estómago. No quería que se le notara intranquilo, así que se irguió y tanteo los bolsillos en busca de algo que se guardó antes de salir de casa. Sabía que eso le ayudaría. Quería creer que le iba a funcionar.
Diez minutos después, pasó por delante suya la persona que había estado siguiendo durante más de una semana. La vio pasar por la otra acera. Iba con paso tranquilo, jugando con sus dedos y mirando hacia el frente. Con cuidado de que no sospechara se cruzó y se colocó a sus espaldas sin que ella se diera cuenta. Siguió sus pasos durante un buen rato, hasta que vio que podía atacar en el momento en el que ya no había nadie cerca.

Se abalanzó sobre ella. Le cogió por los hombros y la estampo contra una verja. Ella le miró a los ojos, intento contenerle la mirada, pero le temblaba como a un animal. La zarandeó una vez más, le puso la mano sobre la boca y le susurró al oído:
– Como grites, te mato. Como te resistas, te haré mucho más daño. No sabes hasta qué extremo estoy dispuesto a llegar con tal de ver el miedo en tus ojos y ver como derramas sangre.

La chica, muerta de miedo, cerró los ojos. No quería ver lo que quería hacerle y dejó que descargará su furia contra ella. Le propinó una paliza brutal. La dejo totalmente inconsciente, se había convertido en un trozo de chicle mascado.

Se bajó la cremallera del pantalón y la penetro con tal fuerza que se manchó toda la ropa de sangre. Lo hizo varias veces hasta que se descargó por completo dentro.

Cuando terminó continúo asestándole golpes hasta que la mató y le desfiguro el rostro.
Cuando acabó el festín de violencia, la cogió en brazos y se la llevó de allí. La metió en la parte trasera del coche. Cogió la pala que tenía guardada en el maletero y algunas cosas más para deshacerse de algunas cosas.
Volvió al lugar donde había sucedido todo, lo limpió de sangre y borró las huellas.

“- some of them are sad, some funny. Some
of them are stories of madness, of violence.
Some are ordinary. Yet they all have about
them a sense of mystery – the mystery of life.
Sometimes, the mystery of death..”

Margaret Lanterman (Lady Log, Twin Peaks)

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