SUENA: SAVE MEQUEEN

The slate will soon be clean
I’ll erase the memories
To start again with somebody new
Was it all wasted
All that love?
I hang my head an I advertise
A soul for sale or rent
I have no heart I’m cold inside
I have no real intent
Save me, save me, save me
I can’t face this life alone
Save me, save me, save me
I’m naked and I’m far from home

Queen, Save me (Brian May, 1979)

Hace un rato terminé de hablar con alguien que ha entrado en mi vida como un disparo.
Estaba a punto de desechar la entrada de hoy, y después de cuarenta y cinco minutos mirando la pantalla, pensando que lo mejor que podría hacer hoy es no actualizar al final he decidido cambiar de idea. La llamada ha durado casi quince minutos y gracias a esa llamada, por la conversación y por el tono que tenía, he decidido actualizar hoy.

¿Sabéis de esos pensamientos que te hacen reflexionar sobre si uno debe de salvarse o debe de ser salvado de uno mismo? Llevo unos días en los que gente realmente válida, llena de energía, con unos valores maravillosos y con una predisposición gigante de comerse la vida, me está escribiendo mensajes en los que me animan a hacer cosas que hasta hace no mucho tenía pavor hacer.
Gracias a cinco personas mi perspectiva está cambiando bastante además de la predisposición a enfrentarme a todo lo que se me venga por delante. Una de esas personas, la que ha entrado como un disparo, se está ganando mi corazón a medida que pasan los segundos. Y se está ganando un puesto importante en mi vida.
Y, ¿por qué? Pues porque es como un chaleco salvavidas de neopreno. Esta persona está consiguiendo que sea yo misma y no tenga tanto miedo de hacer ciertas cosas, a pesar de mis inseguridades y mis miedos. Me habla desde la experiencia y está demostrándome cosas que hasta día de hoy yo no había vivido ni sentido antes. Esta gran personita, con un corazón que no le cabe en el pecho, me ha propuesto realizar un trabajo que jamás pensé que haría. Es un proyecto a largo plazo del cual hablaré más adelante, pero ya os cuento que estamos cuajando poco a poco todo entre los dos.
Y sí, te lo digo a ti, que sé que estás leyendo esto. Lo hago público porque merece la pena hacerlo. Hablo de ti porque me estás abriendo los ojos aunque no te estés dando cuenta. Hablo de ti porque puedo. Hablo de ti porque quiero.

Pero eso no quiere decir que necesite que me salven. No. Yo no quiero que nadie me salve. No quiero que ninguna de esas cinco personas me salven. Yo no quiero que el chaleco de neopreno me salve. Yo no quiero que nadie se haga cargo de mi futuro. Esa no es la idea que una persona debe de tener zumbando en la mente. Que alguien te salve lo único que hace es mantenerte dependiente a esa persona. Te ata de por vida.
Y es necesario soltar todos los nudos que nos atan a esas profundidades que nos ahogan y nos hacen presos de sentimientos y pensamientos que realmente no nos definen. Además de que no creo que sea lo más adecuado. Nadie tiene que cargar con la responsabilidad de salvar a una persona. ¿Por qué alguien tiene que salvar a otra de estar ahogándose? Eso mejor se lo dejamos a los socorristas y mejor nos salvamos a nosotros mismos en la medida de nuestras posibilidades. Cada uno tiene sus propias cargas, sus propias responsabilidades -tanto personales, como profesionales- y sus proyectos de vida. Y hacerle eso a alguien no es para nada justo porque eso es abusar de su confianza y aprovecharse de todo lo bueno que tiene. Es vivir preso de alguien. Y, ¿quién quiere vivir como un esclavo? ¿Quién quiere vivir con un carcelero que no ha pedido serlo?

En estos momentos estoy aprendiendo lentamente. O mejor dicho, estoy en el proceso de salvarme yo sola. Porque realmente estoy sola en esto y yo soy la única responsable de mi situación y de nadar, sin prisa pero sin pausa, para poder pisar tierra y sentir que pase lo que pase, venga lo que venga, voy a poder salvarme y construir un castillo de arena por mi misma. Y si durante un tiempo la travesía es a contracorriente, pues será a contracorriente.

Y si durante ese trayecto, aparecen flotadores, nadan contigo y te acogen en los brazos, o puede que aparezcan chalecos que encajan en tu cuerpo como si fueran un guante y te acompañan hasta tierra firme no te sientes en deuda con nadie. Porque cada persona que se cruza en el camino de otra y le hace la travesía más tranquila te hace ver que hay miles de millones de posibilidades para poder mantener el ritmo y no decaer.

¿Sabéis lo que es sentir el orgullo de haber hecho algo que realmente se necesita hacer? Ya sea por realizarse. Por evolucionar. Y por crecer. Pero los amigos flotadores nunca, nunca se van. Porque a pesar de todo el trayecto que habéis compartido y todas las cosas que hayan pasado o sentido, no existe ningún tipo de deuda. No hay resentimientos. Porque ellos han querido hacerlo sin que se lo hayan pedido.
Salvarse uno mismo tiene una cosa bonita; y es que los amigos que vas conociendo en el trayecto están ahí porque te quieren de verdad y te aceptan a pesar de las cadenas que te ataron en el fondo del océano.

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