A todo el mundo le pueden empezar a gustar cosas que antes no.
Se le llama crecer. Se le llama paso del tiempo.
Se le llama reflexionar. Se le llama cambio de perspectiva.
No se le llama hipocresía. No se le llama falsedad.
Las cosas cambian. Y la gente. Y los gustos. Y el mundo“.
J.F.S

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Hace bastantes días leí ese fragmento de uno de mis contactos de Facebook y, cuando lo terminé de leer, me dejó pensando un buen rato en algunas cosas que llevo dándole vueltas en la cabeza desde hace algunos meses.
La verdad es que ahora mismo estoy en un proceso de cambio, tanto mental como físico, y por algunas cosas y personas no quiero que se repitan más situaciones o momentos, pues ni tengo cuerpo ni mucho menos las ganas de que se repitan más. Creo que con que hayan pasado una vez es más que suficiente para que uno pueda reflexionar sobre ello y tome la conciencia y la decisión de qué hacer y cómo hacer las cosas y actuar en consecuencia.

En el momento en que uno se para a reflexionar sobre todo, acaba evaluando el pasado de forma muy exhaustiva para que en el presente no vuelvan a suceder situaciones similares a las anteriores. Eso se llama cambiar de perspectiva. O en su defecto, ser pragmático.
Yo en este momento estoy en plan reflexiva, muy pragmática y un poco a la desespera. ¿Y por qué estoy a la desespera? Pues porque estoy un tanto perdida a nivel laboral y tengo una ansiedad brutal por estar sin dinero. Sí, sigo en paro. Y estoy muy angustiada por ver que mi economía va desapareciendo.
El caso es que si me pongo a analizar las cosas y las ordeno quedan de la siguiente manera, ya que he trabajado de muchísimas cosas; he cuidado a una persona mayor (este ha sido mi último empleo), he limpiado casas, he trabajado dando clases en un taller de arte y de manualidades en una asociación, también he trabajado como diseñadora en una empresa de Diseño Gráfico y posteriormente hice diseños por mi cuenta cuando me termino el contrato, estuve trabajando como fotógrafa durante unos años, haciendo reportajes y books, he estado trabajando en el almacén de una tienda ayudando a hacer serigrafías en tazas y en camisetas y ahora estoy aprendiendo a serigrafiar con mi hermano en su taller.
Como veis mi mundo laboral, exceptuando un par de cosas, está relacionado con el mundo artístico. Pero hay algo que yo no he mencionado en esa lista a pesar de que le dediqué tres años de mi vida; la Cerámica Artística. Esto es un trabajo que nunca ejercí. Y eso es lo que más me trae de cabeza porque hay personas de mi familia que no paran de recordarme que esa es mi profesión y que por algo estudié el ciclo de grado superior de Cerámica Artística.
A ver, vamos a ir por partes. Vamos a ir primero a la definición que tiene:

PROFESIÓN
Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución.

Ajá, esta es la definición que viene tanto en la RAE como en otros lugares. El oficio por el que una persona se gana la vida. Bueno, pues yo no he ejercido como ceramista en la vida tal y como os he dicho antes. Nunca entré a trabajar en ningún taller cerámico. Os preguntaréis el por qué de esto. Pues bien aquí viene la segunda parte, os cuento:
Yo me metí en el ciclo de Cerámica Artística en la escuela de Artes y Oficios de Granada porque la media que saqué no me llegaba para hacer dos ciclos de grado superior que me enamoraron: el ciclo de Grado Superior de Diseño de Interiores y el Grado Superior de Fotografía Artística. Como no quería estar parada, pues me metí en ese ciclo. Pero mi intención en un principio era hacer uno de los dos anteriores y me enfadé conmigo misma por no haber trabajado al cien por cien en los cursos anteriores.

Es por eso por lo que no me defino como ceramista, ni mucho menos voy diciendo que esa sea mi profesión. Tuvieron que pasar dos años para conocer el mundo de la arqueología y la restauración y conocer lo que es y será siempre la profesión que me gustaría tener: la Restauración Cerámica. Llegué a la restauración porque decidí meterme en el Centro Albayzín para hacer el curso de Auxiliar de Excavaciones Arqueológicas y de Restauración Cerámica, pero por alguna razón que desconozco me tiraron para atrás y tuve que hacer el primer curso que es el de Cerámica y Alfarería. ¿Sabéis que ocurrió el año que estuve en el primer curso? La profesora que tenía, con la misma titulación que yo -ella también hizo el ciclo de grado superior de Cerámica Artística en la Escuela de Artes y Oficios-, decidió que podía hacer lo que quisiera que ella no tenía nada nuevo que enseñarme. Bueno, pues durante ese curso apenas me senté en el torno cerámico, las veces que me sentaba no me salían las cosas bien. O salía la pieza descentrada o con la base demasiado fina. Así que decidí pasar las horas en el laboratorio cerámico, hacer pruebas de esmaltes, anotaba y creaba fórmulas químicas cerámicas y reproducía de vez en cuando algún diseño nazarí en azulejos, jarrones y ánforas. Hice varios monográficos relacionados con el arte nazarí y con algunas técnicas que usan a la hora de diseñar y dar color a las piezas y así fue como nació la pasión que siento y tengo por el mundo nazarí y los diseños geométricos.

Llego al segundo curso y me encuentro con algo nuevo. Restaurar objetos cerámicos. En ese curso restauré varias piezas y a cada cual más compleja: platos calados, jarrones sevillanos y azulejos. Y al final pude hacer algo nuevo: crearle los diseños nazaríes, caligrafías islámicas y geometrías a dos pedazos de reproducciones de jarrones de la Alhambra.
Gracias a ese curso, el cual amé, puedo decir ahora que si algún día tengo la oportunidad me encantaría trabajar como restauradora cerámica. Primero porque se me da bastante bien, pues tengo una paciencia infinita. Y segundo, estar metida en un laboratorio a mí me da la vida. Me gusta el olor que desprenden los laboratorios y los talleres dedicados a restaurar objetos.

Entonces, ¿cómo me defino en estos momentos? Yo siempre me he considerado Artista Plástica. Por algo pasé cinco años en la Escuela de Artes de Granada. Y no me voy a considerar ceramista jamás de los jamases porque para empezar no ejerzo como tal, por como lo define la RAE. Pero es que además a día de hoy lo tengo que reconocer, le tengo una tirria brutal a la cerámica artística. Simplemente no puedo con ella. Admiro enormemente a los que se dedican a ella, pero yo no es lo que quiero y por muy mal que esté a nivel económico no pienso meterme en un taller cerámico. Antes prefiero limpiar pisos, casas o cuidar de personas mayores (tal y como he hecho durante todo este tiempo).

¿Qué pasa en estos momentos? Yo ahora mismo estoy bajo mínimos a nivel económico, me quedan menos de 20€ en el bolsillo, y para remediarlo estoy organizando cosas que en estos momentos a mí no me sirven y que podrían ser útiles para otras personas. Hablando claro, voy a empezar vender objetos, cámaras analógicas que no me sirven y alguna que otra cosa más mientras sigo buscando un trabajo que no me de ansiedad ni más quebraderos de cabeza. Esta crisis económica, en cierto modo, me está viniendo hasta bien para saber qué hacer y qué no hacer. Además me está ayudando el conversar de esto con una persona para plantarme en un lugar totalmente diferente en el que he estado hasta ahora. Esta persona me esta ayudando a salir de mi zona de confort y conformarme con cualquier trabajo y poner todos mis conocimientos y mis aprendizajes a la venta. El resultado ha sido el crear una pequeña tienda en la que ir subiendo mis fotografías (aunque no la estudiara en la Escuela de Arte con los años he ido aprendiéndola de forma autodidacta) y las reproducciones en acuarela que voy a ir haciendo. Pues a fin de cuentas soy artista y sinceramente no quiero perder eso que durante tantísimo tiempo he trabajado, tengo que retomar lo que verdaderamente soy. Y si de algo me estoy dando cuenta es que en estos cambios uno se da cuenta de quienes son los que apoyan a que hagas cosas con tus propias manos y que van a ser de utilidad para decorar cualquier rincón.
Ya que si volvemos a lo que pone el fragmento del principio: Las personas cambian. Y esto va en dos sentidos en mi caso, porque obviamente no soy la misma persona que el 26 de mayo del año pasado y porque hace años me gustaba la cerámica y ahora mismo no. Y no lo tomo como una pérdida de tiempo, fueron unos años en los que aprendí muchísimas cosas y ahora lo miro con otros ojos. Con el tiempo uno aprende a valorar y a sentir el lugar que debe de tener.

Y aquí es donde viene el cambio del que os quería hablar. En estos momentos estoy intentando con todas mis fuerzas el organizarme y hacer un planning, con la bullet journal, para montar por mi cuenta un taller de reproducciones nazaríes y diseños geométricos en papel y entintados con acuarela (posiblemente pruebe con más técnicas al agua). El caso es que esto no quiere decir que no siga buscando trabajo, saldré a buscarlo y moveré mi CV por donde yo vea conveniente sin que nadie influya en eso.
A fin de cuentas es mi vida. Y si me equivoco, el error será tan sólo mío y así de paso evito reproches, historias raras y malos rollos más adelante con las personas que intentan influir en mis decisiones. Y a quien no le guste mi decisión pues oye, eso ya no es mi problema. Bastante tengo ya en estos momentos como para ponerme a pensar en lo que le gusta o no le gusta a los demás y que según ellos es lo que debería de hacer. No puede una persona decirle a otra lo que debe o no de hacer. Porque hay una pequeñísima línea a traspasar a la hora de aconsejar: la de la sugerencia a la imposición.


Dejando esto último a un lado, el planning que he hecho se divide en tres bloques principales: mañana (gestiones personales, búsquedas, tareas pendientes y otras cosas que no quiero dejar a un lado), tarde (taller: dibujos y diseños lineales, geométricos y reproducciones islámicas, árabes y nazaríes y entintar lo que me de tiempo) y noche (durante las noches iré organizando trabajos y proyectos). Y este planning ha hecho que me haya vuelto a replantear el horario del blog. Yo ahora mismo necesito enfocarme en dos cosas principales: buscar algo que me de un fondo económico y dedicarle bastante tiempo a los pinceles. Pero eso no quiere decir que vaya a abandonar el blog, no. Eso no va a pasar.

Lo que sí que va a pasar es que voy a cambiar el horario, retomo el horario antiguo de publicar martes y jueves y los sábados si me da tiempo y puedo. Mi intención no es actualizar el blog una vez en semana, mínimo quiero publicar dos veces y por esta modificación voy a cambiar un poco el registro del blog.

Me explico. Yo voy a seguir subiendo el disco de jazz semanal al blog, solo que en vez de publicarlo los lunes lo voy a publicar los martes, por otro lado yo necesito de alguna manera movilizar todo lo que hago y mostrar lo que voy a empezar a trabajar, y entre la tienda online (esto está enlazado pero ya os comento que en el menú de arriba está el enlace para que podáis pinchar en él) que comencé a montar el otro día y los trabajos que voy a ir publicando y mostrando en el perfil de Emeqis en Instagram, he decidido crear una categoría nueva en el blog y hablar de ella una vez en semana. De ahí que haya decidido retomar el antiguo horario de los tres días. Porque así puedo ir organizando por las noches las entradas del blog y así no se queda colgado.
Porque como se suele decir: si vas a hacer algo hazlo bien y cuando ya estés totalmente seguro de ello entrégate al cien por cien.

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SUENA: ABOVE YOU, THE WHITEST BOY ALIVE