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Os escribo hoy con la intención de reflexionar sobre algo que me lleva martilleando la cabeza desde hace ya bastante tiempo y de paso os voy a contar el problema que tengo con la ansiedad -sí, voy a hacer pública la entrada que la semana anterior quité de un plumazo-. Pero antes de pasar a explicar nada os quiero preguntar algo, ¿vosotros os acordáis de la entrada en la que hablaba sobre los métodos para reducir la ansiedad en la que os puse diversas aplicaciones para ‘controlarla’ ? Si no os acordáis, no pasa nada, aquí os dejo el link de la entrada para que podáis echarle un vistazo. Y os comento que no es necesario que dejéis de leer esta, ya que podéis seguir leyendo y cuando hayáis terminado paséis a la entrada de los métodos como complemento extra -o más bien como un anexo de esta-.

Bueno, yo hasta día de hoy nunca he hablado de la ansiedad que arrastro en ninguna red social -creo recordar que en una cuenta candado que tuve en Twitter escribí sobre esto-, pero nunca he mencionado nada en el blog y hoy va a ser el día en el que lo haga porque necesito de alguna manera describir la situación tan agobiante y estresante en la que me encuentro y con la que lo llevo pasando bastante mal desde hace semanas.

Yo llevo ya diez años viviendo con la ansiedad por una situación extrema que viví, la cual forma parte de mi pasado (pero de ese pasado que está encerrado en un baúl bajo llave y el cual no quiero volver a abrir, porque ni me hace falta ni lo necesito, lo que ocurrió ya pasó y no compensa recordarlo).

Mi ansiedad‘ se compone por varios estadios; principalmente a mi me suelen dar muchísimas crisis respiratorias, ataques de pánico (estos normalmente me suelen dar en mitad de la calle o cuando estoy trabajando), dolores de cabeza y de pecho (los cuales pueden durarme una semana o más), congestión en los músculos (literalmente no los siento, es como si estuviera suspendida en el vacío y me llevara un titiritero), tensión en la espalda y en los hombros (los cuales hacen que me duela la zona con tan sólo respirar de forma normal), insomnioproblemas gástricos (estos son los más jodidos porque se suma con una ansiedad con la comida brutal y me acabo sintiendo peor de lo que ya estoy), mareos y vértigos, la sensación de sentirme amenazada, observada y en peligro, notar que no sólo tengo pensamientos negativos sino que además se desfiguran y se desmoronan (esto me lleva a una abstración, desrealización y despersonalización que me deja totalmente desubicada) falta de concentración y de atención (y esto puede hacer que no recuerde absolutamente nada del día anterior -esto ya ha sido motivo de más de un problema con personas que creen que miento, pero no es que mienta es que pierdo literalmente la noción de todo y no recuerdo lo que he dicho 24 horas antes-), bloqueos mentales bien fuertes (esto quiere decir que hasta se me olvida lo que quiero decir o no encuentro las palabras para poder hablar bien y hay veces que hasta tartamudeo) y de últimas estoy notando parálisis en manos y piernas (vamos que si se me paralizan las piernas me quedo completamente estática durante unos cuantos minutos, es como si fuera una estatua de piedra que por más que le pinches no reacciona). Bueno pues llevo sufriendo todo esto desde el día 6 de este mes. Literalmente estoy pasando un febrero mortal porque la ansiedad no me está dejando en buen lugar y me está generando bastantes problemas.

Y lo tengo que decir, pero nunca me he medicado para la ansiedad y la razón es que no me gusta depender de los medicamentos para mantenerla a raya y siempre he buscado otras alternativas para poder seguir con mi vida. Además de que he conocido gente que ha pasado por crisis fuertes de ansiedad y me han revelado que las pastillas no ayudan, ni hacen nada. Y sé que hay muchas maneras de hacerle frente a la ansiedad, una de las alternativas es hacer terapia psicológica. Yo la he hecho y la verdad es que me ha ayudado muchísimo pero en ciertos momentos -por tener problemas económicos- no he podido seguirla y he tirado de otras como la pintura, la música, la fotografía, los relatos, el diseño gráfico, el yoga, el baile y la meditación. Esa es la razón por la que escribí el post de los métodos para reducir la ansiedad, porque es como intento ‘calmarla’ cuando me da una buena crisis, pero -porque hay un pero en esto que os cuento-, dependiendo de cómo me encuentre yo a nivel físico y mental no siempre me han funcionado esos métodos y la ansiedad me ha comido la moral y la autoestima. Y en esta ocasión parece que ha sido una de esas.

La ansiedad ha vencido. Y yo he perdido la batalla.
Una de las principales razones por la que la ansiedad ha vuelto a salir a flote es porque -en mi caso- se enfrenta la realidad de las cosas con la expectativa que tengo en mente. Yo llevo bastante tiempo súper perdida con mi vida, intento hacer cosas que más o menos me llenen y intento poder lidiar con mi vida como puedo. El problema viene cuando no sólo tenemos nosotros mismos unas expectativas de vida sino que las personas que nos rodean las tienen con nosotros, esto quiero decir que normalmente el resto de las personas esperan algo de nosotros por el simple hecho de que confían en que las cosas van a ir por el camino que ellos quieren, les gusta y lo ven como una realidad viable y factible además de que hay que añadir que a muchas personas les suele gustar (y mucho) tener las cosas bajo control.
No digo esto como una crítica, porque por desgracia mi ansiedad viene por un exceso de expectativa. Me pongo no solo metas imposibles de alcanzar sino que dejo que ciertas personas decidan por mí y elijan lo que debo de hacer -eso es lo que me tiene el corazón a mil y tenga un constante dolor de pecho-. No estoy viviendo la vida que quiero. No disfruto de las cosas como debería. No soy yo misma. No hago lo que realmente me gustaría poder hacer. Y eso se refleja no solo en el carácter sino en la actitud y la aptitud para enfrentarse día a día. Y, ¿sabéis qué es lo peor de todo esto? Al dejar que sean otros los que decidan por mí y sean quienes me orienten, al no llegar a poder hacer realidad esas expectativas llego al punto de critica constante y me ‘destruyo’ un poco por no poder llegar a la expectativa que me han impuesto. En definitiva es que no soy feliz con quien soy y como soy en estos momentos.
Porque lo más normal sería poder elegir por tu propio bien. Pero, ¿qué ocurre cuando no te dejan elegir y te imponen algo que es lo que supuestamente debes de hacer porque tenga que ver con unos estudios que has hecho? Os explico a que viene esta pregunta; ayer leí algo sobre una chica que sigo en instagram, (la cual me tiene enamorada y me encanta el trabajo que hace -es gracias a ella por lo que entré en el mundo del Bullet Journal-) a la cual le había dado una crisis fuerte de ansiedad con su correspondiente ataque de pánico por estar sacándose unas oposiciones. Yo desconozco como fue que se metió a hacerlas, pero a mí mi familia me impusieron hacer unas oposiciones hace tiempo y yo me negué en rotundo. No es porque no quiera trabajar y quiera tener un puesto de trabajo fijo (pues trabajo dos días a la semana en economía sumergida y sí que me gustaría poder tener un trabajo fijo y estable), sino porque a mi es algo que no me llama para nada y sé que sacarse unas oposiciones es duro de narices.
Mi historia es esta:
Yo hace años me metí de lleno en un módulo superior en la Escuela de Arte de Granada, éste era de Cerámica artística y era al único que podía acceder porque la nota no me daba para dos módulos que realmente quería hacer; Fotografía artística y Diseño de interiores. Me metí en ese módulo porque me llamaba la atención y por un momento pensé que podría encaminarme al mundo de la restauración y de la arqueología -ya que ese mundo me tiene totalmente fascinada y enamorada- pero desgraciadamente no ha sido así. Yo lo pasé realmente mal con la cerámica, tuve muy pocos profesores que me enseñaron y no tenían tantas expectativas en mí -de ellos guardo muy buenos recuerdos y aún les tengo cariño y aprecio por todo lo que hicieron- pero hubo otras profesoras con las que no tuve esa oportunidad y perdí por completo el gusto de crear cerámica y acabé el módulo con un estado agridulce. El caso es que cuando terminé ese módulo pasé a otro (el cual el título ni siquiera está homologado en España, ya os podéis imaginar el sentimiento de frustración). Este fue de restauración cerámica y en éste volví a pasarlo mal porque la profesora de cerámica era otra persona, yo esperaba que fuera una ceramista de Granada muy conocida y que estaba trabajando en la Alhambra, pero resulto ser una profesora con mi misma titulación -ya que ella también estudio Cerámica artística en la Escuela de Arte- la que impartía las clases en el taller y en el laboratorio cerámico.
El primer año para mí no fue una perdida de tiempo como pensaba mientras lo hacía. Ahora lo pienso y la verdad es que fue un momento de revelación para mí ya que esta profesora me dejo a mi aire y yo me volqué en cuerpo y alma con el laboratorio cerámico. Me dedicaba a crear esmaltes cerámicos, a hacer estudio de color con ellos, componer mil recetas químicas diferentes, estudiaba a fondo como crear opacificantes con color, me leía a fondo los libros que había en la biblioteca del centro sobre las técnicas y el proceso que hay en las cerámicas de otros países, me dedicaba a crear alicatados nazaríes para luego ir esmaltándolos con los colores que ya había conseguido o creaba reproducciones de los diseños árabes cordobeses, sevillanos y granadinos. Bueno pues el motivo principal de esto, para muchísimas personas, es que yo tenía que montar un taller de cerámica. Y mi respuesta siempre ha sido un NO rotundo porque fue una elección obligada como ya os he dicho en el párrafo de antes. Yo lo que menos quiero es tener un taller cerámico porque es lo que se espera que haga por lo que ya he estudiado. La cerámica no es mi profesión. No la tomo como tal porque a pesar de tener un título no es lo que mi corazón quiere que haga y eso es lo que me genera tantísima ansiedad.

Y, ¿qué es lo que me pide el corazón que haga y por lo cual debo de luchar? Pues son dos cosas, las cuales he tardado diez años en asumir y aceptar: una es la restauración (cerámica) y la otra es crear un estudio/laboratorio de fotografía y química cerámica. Y lo reconozco, estoy bloqueada y paralizada con esto porque no sé como poder manejarlo y como poder llevarlo a cabo y por eso me dedico a otras cosas. Es pánico lo que siento porque creo que no estoy capacitada para ello -por alguna extraña razón hay algo que no me deja dar el paso-. No sé ni siquiera si me entenderéis pero estoy en un punto en el que si me fuerzo a hacer algo que me da pavor me crece un monstruo en el pecho que no solo no me deja respirar.

En fin, yo hoy quería escribir esto porque tenía a ese demonio azuzando las llamas que arden en mi mente. Y de paso, para ilustrar un poco la entrada de hoy, quería enseñaros un poco lo que más o menos me tiene algo más tranquila: la fotografía (en la cual he vuelto a hacer la que más me gusta en esta nueva cuenta de instagram), la organización de la bullet journal, el registro de pensamientos en un diario personal y las reproducciones de diseños nazaríes y geométricos en acuarela. Como no quiero hacer la entrada interminable el jueves escribiré la segunda parte y os enseñaré las fotos que iré haciendo de la bullet journal del próximo mes y alguna que otra acuarela más. Así ya de paso os explico la razón por la que estoy haciendo reproducciones de azulejería y alicatados nazaríes en acuarela.

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Realidad
Del lat. realitas.
f. Existencia real y efectiva de algo.
f. Verdad, lo que ocurre verdaderamente.
f. Lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio.

Expectativa
Del lat. exspectātum.
f. Esperanza de realizar o conseguir algo.
f. Posibilidad razonable de que algo suceda.

 

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SUENA DE FONDO

 

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