Límite

Del lat. limes, -ĭtis.
m. Línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios.
m. Fin, término. U. en aposición en casos como dimensiones límite, situación límite.
m. Extremo a que llega un determinado tiempo.

Aceptación

Del lat. tardío acceptatio, -ōnis.
f. Acción y efecto de aceptar.
f. Aprobación.


Aceptación del pasado.

 

RESPETO

Del lat. respectus ‘atención, consideración’.
m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.
m. Miramiento, consideración, deferencia.
m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía.
RESPETO HUMANO
m. Miramiento excesivo hacia la opinión ajena, antepuesto a
los dictados de la moral estricta.

Hace más de una semana que sé que debería de haber publicado algo en el blog, pero por la ansiedad que tengo me he visto incapaz de sentarme para escribir esta entrada. Lo he intentado varias veces -esta es la cuarta- y se me hacía un nudo en el estómago por la angustia. El ‘problemita’ que tengo es que cuando no puedo lidiar con la ansiedad dejo que ésta me coma y no sólo se acaba convirtiendo en mi peor enemiga sino que hace que mi mente se bloquee y no sepa lidiar bien en mi día a día. Simplemente no puedo hacer nada y eso no sólo es frustrante es que desgasta a unos niveles extremos.

Esta entrada estuve a punto de publicarla el jueves pasado, pero por mi incapacidad de poder escribir lo que sentía me hizo tirar hacia atrás y cancelé la publicación, esto puede que a alguno le suene a excusa barata, pero ya os digo yo que no, así que para refrescaros la memoria os voy a dejar un pequeño recordatorio de esta entrada que escribí hace un tiempo: Métodos para reducir la ansiedad.

Antes de proseguir, como habéis podido ver he vuelto a poner la definición de Respeto justo después de las definiciones de Límite y Aceptación. Lo que hoy os voy a contar tiene que ver no sólo con la aceptación personal, tiene que ver muchísimo con la relación hacia los demás, la aceptación que hay entre unos y otros y el límite que podemos soportar algunos acerca de nuestra situación o realidad por cómo y quiénes somos. En esta ocasión no voy a ser tan abstracta, voy a poner varias anécdotas personales, varias situaciones que llevo soportando desde hace años y voy a hablar de varias relaciones con algunos familiares directos como ejemplo (concretamente voy a hacer hincapié en la relación que puede llegar a existir entre padres e hijos).

Hasta día de hoy nunca he hablado de la ansiedad que arrastro en ninguna red social y menos en el blog y hoy va a ser el día en el que lo haga porque necesito de alguna manera verbalizar la situación tan agobiante y estresante en la que me encuentro (de ahí que haya estado totalmente en off estos días atrás).

La ansiedad está presente en mi vida desde hace ya diez años por una situación extrema que viví – la cual forma parte de mi pasado (pero de ese pasado que está encerrado en un baúl bajo llave y el cual no quiero volver a abrir, porque ni me hace falta ni lo necesito, lo que ocurrió ya pasó y no compensa recordarlo)-.
Mi ansiedad‘ se compone principalmente de crisis respiratorias, ataques de pánico, dolores de cabeza y de pecho, congestión en los músculos, tensión en la espalda y en los hombros, insomnio, problemas gástricos, mareos y vértigos, la sensación de sentirme amenazada, observada y en peligro, notar que no sólo tengo pensamientos negativos sino que además se desfiguran y se desmoronan, falta de concentración y de atención (esto quiere decir que hasta se me olvida lo que quiero decir o no encuentro las palabras para poder hablar bien), bloqueos mentales bien fuertes y de últimas estoy notando parálisis en manos y piernas. Bueno pues llevo así desde el día 6 de este mes.

Ya os confieso que nunca me he medicado para la ansiedad, la razón es que no me gusta depender de los medicamentos para la ansiedad y siempre he buscado otras alternativas para poder seguir con mi vida. Una de esas alternativas ha sido el hacer terapia psicológica, la cual me ha ayudado muchísimo pero en ciertos momentos -por tener problemas económicos- no he podido seguirla y he tirado de otras como la pintura, la música, la fotografía, los relatos, el diseño gráfico, el yoga, el baile y la meditación. Esa es la razón por la que escribí el post de los métodos para reducir la ansiedad, porque es como intento calmarme cuando me da una buena crisis, pero -porque hay un pero en esto que os cuento-, ya os digo que dependiendo de cómo me encuentre yo a nivel físico y mental no siempre me han funcionado esos métodos. Y parece que en esta ocasión ha sido una de esas.

Para empezar la mayor traba que tengo, por así decirlo, es que nadie de mi familia directa ni los conocidos que forman parte de ella saben de mi ansiedad, la desconocen y piensan que algo ‘raro’ me pasa. Los pocos amigos que tengo y alguna que otra persona más si tienen conocimiento de esto. Yo reconozco que debería de haberles dicho a mi familia mi relación con la ansiedad pero es que no confío ya en ellos. No me fío de ninguno por varias cosas que han sucedido a lo largo de los años. Con lo cual la situación se agrava cuando mi familia piensa que es que los problemas que tengo no les quiero hacer frente, o que yo estoy siempre mal aposta y no le quiero poner remedio, o simplemente es que me gusta hacerme la víctima para poder salirme con la mía. Aquí es cuando mi bloqueo mental, la frustración y la poca capacidad que tengo de expresar mis sentimientos han hecho que me retraiga aún más en mí misma, haya perdido por completo la confianza en ellos y no quiera ni hablarlo con ninguno ni explicarle nada porque no solo me genera una angustia brutal, es que por culpa de esos momentos he acabado teniendo episodios psicóticos con muchísimo llanto y he acabado con erupciones bien gordas en la piel.

No cuento esto por dar pena ni por escuchar o leer: ¡Ay, pobre!
No, la intención es la siguiente y es que vivir con ansiedad no es solo duro y difícil es que tener un contexto de incomprensión y que lo único que sabe hacer es juzgar, criticar (pero de malas formas) y atacar hace que la cuesta sea mucho más empinada y sea muchísimo más complicado todo. Las personas así no piensan en que alguien con ansiedad le cuesta buscar un punto de flexión y pueda encontrar las herramientas que necesita para poder respirar. Y es aquí donde empieza mi historia de aceptación no sólo con la ansiedad sino también a nivel personal. El caso es que desde que vivo con ella me ha costado aprender a aceptar quién soy, pues me he cuestionado muchísimas cosas y me he escondido de otras tantas, llevo en alerta constante desde hace 6 años -sí, curiosamente coincide con los años que llevo siendo vegetariana- y con miedo de decir o hacer algo y la verdad es que mi mayor preocupación o por decirlo de otra manera, mi principal batalla, es luchar en mayor o en menor medida para que la ansiedad no me coma -más de lo que ya lo hace-.
Porque después de todo este tiempo, de haber tenido bajones y recaídas bastante fuertes, he acabado por encerrar mis pensamientos y mis ideas en una jaula con barrotes demasiados gordos y se han quedado clausurados para algunas personas en las cuales he perdido la confianza por completo. Bueno pues todo eso me ha llevado a un punto y a un lugar en donde he aprendido a estar conmigo misma y en el camino he podido conocer a otras con las que poco a poco voy ganando confianza y seguridad y no me siento tan en alerta, tan ansiosa y tan angustiada.
Toda esta cadena de situaciones y acontecimientos ha hecho que no deje de plantearme esta cuestión desde hace ya bastante tiempo: ¿cómo es posible que una persona haga un esfuerzo mental en aceptar con el paso de los años ciertas cosas, comportamientos, momentos y situaciones e intente ser coherente en la medida de sus posibilidades para que venga una ajena a criticar, exigir y pedir cambios personales y echar por tierra todo ese trabajo y solo sea capaz de hacer juicios o valoraciones impersonales?

Después de todo lo que ya os he contado voy a ponerme ahora en plan objetiva y voy a exponer algunas cosas de otra forma porque sinceramente no veo bien que una persona se dedique constantemente en sobrepasar el límite de la otra y se dedique a pedirle y exigirle cambios continuamente, para que haga un esfuerzo mental y físico en intentar cambiar lo poco que esa persona considera en lo que falla y que encima se hagan juicios sobre su realidad (y posiblemente a la persona a la que se le demanda todo eso le ‘cuesta sobrevivir’ el día a día) . Porque vamos a ver, ¿qué clase de realidad pueden vivir las personas ajenas a nuestra vida? ¿Acaso conocemos bien lo que pasa por su mente? ¿Acaso sabemos que es lo que piensa en realidad la persona que tenemos delante? ¿O creemos conocer la verdad absoluta de aquellos con quienes tenemos relación?

Para empezar; cada persona es un mundo. Algunos son transparentes, otros son opacos. Algunos son extrovertidos y les encanta hablar y relacionarse a otros por el contrario les gusta la soledad y son bastante introvertidos (si eso los convierte en personas asociales o antisociales, parece que ya está mal visto). Viéndolo desde fuera, sé que todos, absolutamente todos, nos movemos por intereses. Hay quienes tienen intereses en sacar algo de provecho de algunos para engordar un poco el ego -o simplemente lo hacen porque es ya costumbre en ellos- y hay quienes se mueven por un interés más humano y hacen las cosas desde la bondad o simplemente porque les nace.

El problema radica en los primeros, llamémosle tóxicos o lo que queráis, pues esos son los que a la larga no solo están interesados en recibir sino que con el tiempo se dedican a pedir cosas que no son reales, critican cada cosa que pienses, digas y hagas y levantan la voz para callar la tuya porque sus opiniones son las más válidas (en dónde queda la libertad de expresión de una persona para que otra se la quite por alzar nada más que la suya).
Bueno pues estas personas intentan cambiar a todo su entorno en lo que realmente quieren que sean y no aceptan ni lo más mínimo en nadie. Yo he estado rodeada de personas así y la verdad es que eso hace que con el tiempo una persona se replantee muchas cosas, además de que eso ha sido carnaza para mi ansiedad. ¿Y por qué? Pues porque sentirse controlada, observada, criticada, analizada y examinada día tras día me ha generado un mar de dudas, problemas de autoestima y ha alimentado la ansiedad a tal nivel que me ha dejado con miedos internos y con un pánico enorme con la muerte y en algunos casos he llegado a desearla.

Porque si lo vemos desde otra perspectiva, ¿no se observa un aire hipócrita y cínico con muchísimas cosas además de con las personas? Yo no sé vosotros, pero yo no dejo de preguntarme qué narices es lo que querrán las personas cuando lo único que quieren es que cambies tu forma de ser, tu forma de actuar y tu forma de pensar. Y eso, a mis más de treinta años, me lo han seguido haciendo mi familia más directa. Ni mis conocidos ni mis (pocos y escasos) amigos actuales me han hecho eso. Y no me vale el dicho de: “los padres lo único que quieren es lo mejor para sus hijos” porque hay algunos que ni saben querer y aceptar a sus hijos y cruzan continuamente el límite que los separa.

Es por eso que llevo un tiempo pensando que prefiero estar sola a estar mal acompañada. Puede que para algunos la familia lo sea todo, que es lo mejor que tienen en sus vidas -oye pues yo que me alegro por ello-, pero yo a la mía ya no la considero parte de mi vida y no la quiero tener más presente porque me han añadido miedos, dudas, han alimentado mi ansiedad y no definen lo que realmente soy porque llevan años sin querer aceptar que no soy la misma persona que a los 24. No puedo vivir con personas que no saben aceptar una realidad o a otra persona como legítima y estén constantemente pidiendo cambios o exigiendo algo que nunca jamás va a ser real.

Lo que nos queda es aceptar lo que realmente somos y quienes somos y vivir en consecuencia con ello con aquellas personas que realmente nos respetan y nos aceptan. El cambio no nace por una exigencia. El cambio nace dentro de uno porque necesite hacerlo.

Porque el límite entre la negación y la aceptación se traspasa en cuestión de segundos y es muy fácil proyectar los cambios en alguien ajeno a proyectarlos hacia uno mismo.

Suena: Hala, Kyle McEvoy.

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